PMH CEG / CLAMOR: HACIA LOS PACTOS GLOBALES

Desde esta Oficina Nacional de Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia
Episcopal de Guatemala, presidida por Monseñor Álvaro Ramazzini, Obispo
de la Diócesis de Huehuetenango y Presidente de la Comisión Episcopal de
Justicia y Solidaridad queremos hacer llegar a usted este folleto que contiene el
material facilitado por la Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para
el Desarrollo Humano Integral del Vaticano ¨Hacia los Pactos Globales sobre
Migrantes y Refugiados 2018.

Obedeciendo a la voluntad del Papa Francisco, hemos sido partícipes en los
procesos de consulta para los pactos y específicamente desde la Red Eclesial
Latinoamericana y Caribeña de Migración, Desplazamiento, Refugio y Trata
de Personas -CLAMOR hemos contribuido para la realización del Mensaje
de Posicionamiento Regional y de un Documento Operativo que CLAMOR
presentó en el encuentro sobre el Marco Integral Regional para la Protección
y Soluciones en San Pedro Sula, Honduras. Estos documentos los ponemos
también en sus manos como un instrumento de reflexión, discusión y análisis.

Que las Arquidiócesis, Diócesis y Vicariatos apostólicos, sus parroquias,
congregaciones religiosas, movimientos, escuelas y organizaciones de sociedad
civil, puedan encontrar directrices para Acoger, Proteger, Promover e Integrar a
las personas migrantes y refugiadas.

Les invitamos a involucrarse con ánimo, con pasión y con una gran sensibilidad.
Que la Sagrada Familia desplazada y refugiada nos inspire a vivir el mandato de
la hospitalidad.

Pastoral de Movilidad Humana
Comisión Episcopal de Justicia y Solidaridad
Conferencia Episcopal de Guatemala

DOCUMENTO COMPLETO EN PDF:  libro hacia los pactos globales 2018

Migrantes y Refugiados: Hombres y Mujeres que buscan la Paz

Foto: PMH-CEG

MENSAJE DEL SANTO PADRE
FRANCISCO
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA
51 JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

1. Un deseo de paz

Paz a todas las personas y a todas las naciones de la tierra. La paz, que los ángeles anunciaron a los pastores en la noche de Navidad[1], es una aspiración profunda de todas las personas y de todos los pueblos, especialmente de aquellos que más sufren por su ausencia, y a los que tengo presentes en mi recuerdo y en mi oración. De entre ellos quisiera recordar a los más de 250 millones de migrantes en el mundo, de los que 22 millones y medio son refugiados. Estos últimos, como afirmó mi querido predecesor Benedicto XVI, «son hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos que buscan un lugar donde vivir en paz»[2]. Para encontrarlo, muchos de ellos están dispuestos a arriesgar sus vidas a través de un viaje que, en la mayoría de los casos, es largo y peligroso; están dispuestos a soportar el cansancio y el sufrimiento, a afrontar las alambradas y los muros que se alzan para alejarlos de su destino.

Con espíritu de misericordia, abrazamos a todos los que huyen de la guerra y del hambre, o que se ven obligados a abandonar su tierra a causa de la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental.

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