COMO OVEJAS SIN PASTOR

Para quienes hemos crecido en el campo y hemos estado  en contacto con algún tipo de ganado y su crianza, entendemos las imágenes que las palabras “como ovejas sin pastor”  evocan.  Ovejas dejadas a su suerte sin cuidado y orientación poco a poco se dispersan y se distancian una de otra para luego, en muchos de los casos, encontrarse solas y en riesgo de sufrimientos.

Cuando las ovejas cachorro se han distanciado de la madre y del grupo, ambas: madre y criatura balan, gimen y se anhela la una a la otra. Pero una vez encontradas se tranquilizan y se gozan mutuamente, apaciguando así los miedos y las angustias.  Cuando aquella oveja perdida en su propio camino, al darse cuenta de su lejanía, soledad, vulnerabilidad, aturdimiento y miedo, comienza su caminar de regreso.

La ausencia de un pastor cuidadoso, prudente y al tanto de la situación y ubicación de las ovejas, sin duda alguna, terminara por disminuir la cantidad y calidad de ovejas. Se perderá no una sino varias de ellas.

Quienes hemos emigrado, quienes hemos dejado el redil al que pertenecimos por muchos años. Quienes forzados o no, nos hemos puesto en un camino hecho de esperanza. Quienes hemos dejado atrás desiertos, cerros y ríos (convertidos por los humanos en fronteras para sus mismos hermanos), no pocas veces, somos el blanco vulnerable para lobos rapaces. Es decir: patrones y contratistas que solo miran brazos y fuerza de trabajo;  coyotes que solo venden, roban, sangran a las ovejas y luego las abandonan;  jefes de gobierno con lengua de oro y manos de navaja y pala; lideres religiosos con la biblia en la mano sembradores de fanatismo e intolerancia; políticos hacedores de injustas leyes; pastores charlatanes inyectando sectarismos; vendedores de ideas que opacan y nublan el pensamiento; grupos de violencia, veneno y muerte; hombres de casco y defensa golpeando a palo.

¿Y las ovejas? Caminando y dispersas, con miedos y búsquedas. Víctimas de estos, abandono de aquellos. Pastores los hubo, los hay y los necesitaremos. Pocos buenos, muchos queriendo. Obispo Juan B. Scalabrini y Monseñor Romero por ejemplo. Pastores verdaderos. Se cimbraron con el pueblo, no se arquearon ante el poderoso pero se inclinaron hacia el pobre. Scalabrini se acusó  a si mismo, hasta el punto de sentirse avergonzado como obispo y como ciudadano.  Sus ovejas al punto de dejar su patria en la estación de Milán le conquistaron el corazón y la misión. Arnulfo Romero, dispuesto hasta las últimas consecuencias no tuvo miedo. Ante el trasquilador, el obispo dejó  oír su voz. Defendiendo sus ovejas expiró un 24 de marzo de 1980.  Sin duda alguna el grupo ofrece seguridad, sentido de pertenencia; crea, mantiene y reafirma la identidad.

Un buen pastor unifica, defiende, acompaña.  Como migrantes y peregrinos por el mundo,  seamos agentes de unidad. Miembros de un solo redil y de un solo pastor. Ante la dispersión, separación y sectarización volvamos a la comunión.  Que como el cachorro, gritemos  y anhelemos  el encuentro de la madre que  apacigua y calma, que conforta y da seguridad.

Que no andemos más por la vida como oveja sin pastor.

Juan Luis Carbajal cs

Fotos. Pastoral de Movilidad Humana

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