MARCHA POR LA VIDA

No fueron cientos. Fueron miles los jóvenes que marcharon firme y decididamente.

Nosotros también fuimos. Como seguidores de Cristo, quien es nuestro Evangelio e inspirados por la Doctrina Social de la Iglesia, no podemos quedar inertes.

También somos “Pro Vida” y defendemos la vida no sólo de los no nacidos, sino, de los nacidos, de los niños, de los jóvenes, adultos y ancianos.

Y la corrupción, la impunidad, y falta de gobernanza inspirada en el bien común, la solidaridad, la subsidiariedad y fraternidad trae muerte.

Hagamos cuenta de lo siguiente: (algunos “detalles”)

-Hospitales y centros de salud con precariedad en personal, medicamentos, muebles e inmuebles.

-Pocas escuelas, malas condiciones, maestros mal pagados.

-Comunidades despojadas de sus tierras y criminalizadas.

-Extracción de riquezas naturales en detrimento de familias, comunidades y de la naturaleza.

-Empresas contaminando sin conciencia y sin consideraciones ríos, lagunas y mares.

-Altos índices de desnutrición, sobre todo en las comunidades de las naciones originarias.

-Grandes expansiones de monocultivos que explotan mano de obra, contaminan a humanos y aguas con insecticidas o pesticidas.

-Cientos de jóvenes, mayoritariamente indígenas, que se contratan en trabajos donde tienen que portar armas, por ejemplo, en compañías privadas de seguridad en donde algunos son explotados.

-El índice de extorsiones y asesinatos.

-Las miles de personas contratadas como “braceros explotados” en otras naciones en dónde sí les dan trabajo.

-Las miles de personas deportadas o retornadas de forma forzada desde México y Estados Unidos.

-Personas guatemaltecas olvidadas en la diáspora.

-Comunidades retornadas olvidadas sin haber sido beneficiadas con programas eficaces y duraderos de resarcimiento.

Carreteras, caminos y veredas saca cosechas en pésimas condiciones.

¿A caso no vislumbramos aquí grandes pecados contra la vida? Sí, la vida en todas sus manifestaciones!

Para algunas cosas parecemos demasiado puritanos y moralistas y para otras cómplices silenciosos.

Todo esto es asunto del gran principio humano y cristiano: La Dignidad de la Persona.

Mentira que seamos “Pro Vida” cuando ante la injusticia, corrupción e impunidad nos mantenemos en silencio e indiferencia cómplice.

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