MENSAJE PARA EL DIA NACIONAL DE LAS PERSONAS MIGRANTES Y REFUGIADAS

MENSAJE DE LA PASTORAL DE LA MOVILIDAD HUMANA

COMISION EPISCOPAL DE JUSTICIA Y SOLIDARIDAD

CONFERENCIA EPISCOPAL DE GUATEMALA

Creemos que la realidad de las migraciones

no se ha de ver nunca sólo como un problema,  

sino también y sobre todo,

 como un gran recurso para  

el camino de la humanidad”.

 Aparecida. 413

El Papa Francisco enfatizó en el mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2018 que “nuestra respuesta común se podría articular en torno a cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar”.[1]

Como Oficina Nacional de Movilidad Humana en la Iglesia de Guatemala hemos asumido estos cuatro verbos como ejes fundamentales de nuestra misión al servicio de las personas migrantes, refugiadas y víctimas de trata. Es por ello, que este mensaje se titula y gira en torno a los cuatro verbos.

En cada verbo nos sentimos llamados e interpelados. En los cuatro verbos encontramos un plan pastoral que nos hace mirar con esperanza el futuro y nos abre un abanico de posibilidades para que las tragedias y sufrimientos de personas migrantes, refugiadas y víctimas de trata no opaquen o desanimen nuestra misión de seguir construyendo el Reino de Dios.

En la migración[2], como signo de los tiempos; y en cada persona migrante, refugiada y víctima de trata, como lugar teológico, discernimos y encontramos la presencia y acción liberadora de Dios.

ACOGER

La Iglesia de Guatemala cuenta con varios espacios adecuados y dignos para acoger a las personas migrantes, refugiadas y víctimas de trata. Las casas de acogida en Tecún Umán, Diócesis de San Marcos; en la ciudad de Guatemala, Arquidiócesis de Guatemala; en Entre Ríos y Semaji, Vicariato Apostólico de Izabal; en la prelatura de Esquipulas, Diócesis de Zacapa y Chiquimula; en Santa Elena, El Ceibo, y Melchor de Mencos, Vicariato Apostólico de Petén; un espacio en Playa Grande, Diócesis de Quiché, y una casa de seguridad para mujeres adultas víctimas y sobrevivientes de trata.

En estos espacios hacemos el mejor esfuerzo para llevar a cabo una acogida responsable y digna, para que las personas migrantes, refugiadas y víctimas de trata encuentren un oasis en el camino donde puedan comer, lavarse, descansar, pedir información, recuperar sus fuerzas y seguir el camino.

Para asegurar la atención en estas casas de hospitalidad, se cuenta con gente de fe que responde de forma sensible y generosa. Las donaciones de los fieles de parroquias vecinas, grupos organizados de laicos y laicas de buen corazón que donan su tiempo como voluntarias y donan alimentos, ropa y otros insumos. Contamos también con el apoyo económico y técnico de organismos internacionales.

En estos espacios, escuchamos testimonios de muchas personas que afirman ser víctimas de extorsiones, robo, cobro de cuotas por personal de seguridad en los retenes cerca de fronteras. Solicitantes se encuentran por grandes periodos de tiempo en espera de permiso para trabajar, no hay programas de vivienda y alimentación para ellos y para las personas ya reconocidas como refugiadas.

Hay muy poca o nula posibilidad de migrar de forma regulada y segura, dificultades para adquirir visas de reunificación familiar, visas humanitarias. Cada vez más difícil el acceso a territorio para solicitar refugio. Violaciones a los derechos humanos ante detenciones arbitrarias, no acceso al procedimiento de asilo, deportaciones masivas, separación de familias y criminalización de niños, niñas y adolescentes.

PROTEGER

Toda persona migrante, refugiada y víctima de trata ha de ser protegida independientemente de su estatus migratorio.

No solo bastan las muestras de protección por parte de personas individuales, de comunidades y obras sociales de la iglesia. Hace falta la creación e implementación de legislaciones, políticas públicas y prácticas de estado que protejan a las personas migrantes contra la explotación, el trabajo forzoso y la trata de seres humanos.

Exhortamos a los cuerpos de seguridad en las fronteras y en las rutas migratorias para que respeten y hagan valer la dignidad de las personas migrantes. Agentes de seguridad están llamados a proteger no a ser victimarios o cómplices de violaciones a los derechos humanos de las personas en movilidad.

Pedimos que sean consideradas las alternativas a la detención. Reprobamos toda forma de violencia y de maltrato a las personas migrantes y refugiadas. Pedimos se haga justicia ante la muerte y desaparición de migrantes. Condenamos y decimos un no rotundo a la separación de los niños, niñas y adolescentes de sus progenitores. Desaprobamos el uso de grilletes a migrantes. Pedimos procesos judiciales justos.

Que personas migrantes, refugiadas y víctimas de trata tengan acceso a la justicia. Para los familiares de migrantes desaparecidos se tengan formas de acceso a la justicia en sus lugares de origen.

PROMOVER

Que no se entienda que promovemos las migraciones irregulares. El ideal es que toda persona pueda migrar de forma planeada, segura, ordenada y regular.

Cuando los derechos humanos fundamentales de la persona son violentados y no se le garantiza una vida digna, entonces la persona puede ejercer su derecho a migrar.

La gran mayoría de las personas migrantes que son atendidas en los centros de acogida se han visto obligadas a dejar su familia, comunidad, departamento y país. Han llorado la despedida de sus seres queridos y sufren la añoranza de los suyos. No hacen la ruta como turistas. Ellos son sobrevivientes de situaciones hostiles y adversas. Los migrantes y refugiados prefieren luchar por una esperanza que quedarse y morir.

Reconocemos la necesidad de contrarrestar iniciativas, discursos, campañas y prácticas que empañan la imagen de las personas migrantes y refugiadas al presentarles como un peligro, como criminales y amenaza a los pueblos de tránsito y destino.

Estamos llamados a descubrir en cada persona migrante, refugiada y víctima de trata a un ser que comparte la misma humanidad nuestra, a un hermano y hermana en camino junto a nosotros. Estamos llamados a descubrir en cada persona migrante y refugiada las riquezas y potencialidades que sumadas a las nuestras nos hacen mejores.

Promover es así, dignificar a las personas migrantes, refugiadas y víctimas de trata.

INTEGRAR

En Guatemala no hay un censo reciente que nos de alguna noción de las personas migrantes irregulares viviendo en el país.

Sabemos que hay muchas personas migrantes irregulares que ya se establecieron en territorio Guatemalteco y viven bajo la sombra. Muchos de ellos sobreviviendo del mercado informal. Algunos ya tienen hijos nacidos en el país y como ciudadanos pueden gozar mejor se sus derechos.

Por parte del gobierno se ha implementado descuento a cuotas para optar por la residencia, aun así, algunos no cuentan con los recursos necesarios.

Se ha soñado con una regularización o amnistía para migrantes en los Estados Unidos. Se ha solicitado en múltiples ocasiones el Estatuto Temporal de Protección TPS. Pero y ¿qué pasa en Guatemala? ¿Cuándo habrá una iniciativa para regularizar a migrantes? ¿Cuándo las personas solicitantes y las ya reconocidas como refugiadas podrán gozar de sus derechos plenamente? ¿Hasta cuándo la Autoridad Migratoria quedará formada y se tendrán los reglamentos para favorecer la integración de solicitantes y refugiados? ¿Las personas retornadas hasta cuándo encontraran programas de reinserción laboral eficaces y duraderos?

Acoger, Proteger, Promover e Integrar a personas migrantes, refugiadas y víctimas de trata es poner en práctica el evangelio, es vivir el mandamiento de la hospitalidad.

No basta con recibir, tratar bien, ayudar, aconsejar, no explotar a las personas migrantes, refugiadas y víctimas de trata. El mandamiento es amarles. “Cuando algún emigrante se establezca en el país de ustedes, no lo traten mal. Al contrario, trátenlo como si fuera uno de ustedes. Ámenlo como a ustedes mismos, porque también ustedes fueron extranjeros en Egipto. Yo soy el Señor.”(Lev, 19,33-34)

El papa Francisco nos invita a ponernos en los zapatos de quien se pone en camino y arriesga la vida para dar un futuro a sus hijos.[3]

Que como Iglesia que peregrina en Guatemala y encomendándonos a María Santísima, estrella que guía, podamos hacer vida el mandato del amor a las personas migrantes, refugiadas y víctimas de trata.

+Álvaro Leonel Ramazzini Imeri

Obispo de Huehuetenango

Presidente de la Comisión Episcopal de Justicia y Solidaridad

y de la Pastoral de Movilidad Humana

Conferencia Episcopal de Guatemala.

 

 

[1]Discurso a los participantes del Foro Internacional: Migraciones y Paz. (21 de febrero 2017)

[2]En esta sola palabra queremos incluir toda forma de movilidad humana: movimientos forzados causados por conflictos, desastres naturales, persecuciones, cambios climáticos, violencia, pobreza extrema y por condiciones de vida indigna.

[3]Exhortación Apostólica “Gaudete et Exsultate” “Alégrense y Regocíjense” Sobre la Santidad en el Mundo Contemporáneo. No. 102.

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