PERSONAS EN SITUACIÓN DE MIGRACIÓN FORZADA DESDE CENTROAMÉRICA.

En los últimos años estamos viviendo, en la zona de Centroamérica , considerada por algunos, la más peligrosa en tiempo de no guerra, grandes desplazamientos de personas tanto para el norte como para el sur.

Poco a poco miles de personas se ponen en camino, llegan a casas de atención establecidas por la Iglesia de Guatemala en las diferentes diócesis y vicariatos apostólicos.

Estos desplazamientos masivos sí que cuestionan y descubren los discursos de los gobiernos de la región sobre las migraciones.

Aún con esta realidad, encontramos resistencias por parte de los gobiernos de Centroamérica a reconocer la situación que enfrenta día a día las poblaciones de la región.

Dicen que no hay desplazamiento forzado por pobreza extrema y violencia, que todo está bien, que hay desarrollo, que la economía mejora.

Sin embargo, la realidad expresa hambre, violencia, servidores públicos sin vergüenza, hambre insaciable para sostenerse en el poder, manipulación de medios de comunicación, persecución y criminalización de defensores de derechos humanos, de los bosques, montañas y ríos; contubernio con empresas extranjeras extractoras de riquezas, corrupción, uso de la fuerza pública para represión, sistemas de justicia viciados, discursos encubridores de la verdad y de la justicia, pueblos originarios continuamente en el abandono y la miseria, empresarios sin escrúpulos ni ética, uso de la biblia y de las iglesias para engañar y adormecer. La lista podría seguir.

Las migraciones forzadas de personas que gota a gota o en caravana son el reflejo de desgobierno.

Acusan de migración irregular e insegura pero, por otro lado, nos damos cuenta que quien acusa la provoca.

El peor y muy posible escenario puede ser el que algunos políticos, de aquí o de allá y más allá, estén haciendo leña del árbol caído.

En la historia, las personas migrantes han sido utilizadas para implementar leyes de seguridad y control, para intervencionismos, para mejorar el ingreso de activos, para proselitismo y campañas políticas; para elecciones y como punta de lanza contra oponentes políticos.

Así, personas vulnerables por las condiciones sociopolíticas terminan siendo utilizados y revictimizadas por gente astuta y oportunista.

Después de todo, son ellas, las personas en migración, las que enfrentan y reciben los garrotazos y las deportaciones, y así acrecientan su dolor e impotencia.

Para terminar, quiero recordar que desde la Iglesia y nuestra participación en las consultas en el marco de los Pactos Globales de Migrantes y Refugiados hemos expresado de forma contundente:

“El principio pro-persona ha de direccionar nuestras respuestas para garantizar la integridad, la vida y la dignidad de las personas en movilidad. Detrás del derecho al Asilo está el valor sagrado de respetar, proteger y defender la vida de las personas de las personas. Los estados de la región hagan efectivo dicho principio y apliquen los instrumentos jurídicos internacionales.”

De igual manera expusimos:

“…Los Estados de la región han de dar cumplimiento a los principios contenidos en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y al Protocolo sobre el Estatuto de Refugiados de 1967 para facilitar el acceso efectivo al derecho de Asilo.”

Recordamos lo contenido en la Convención Americana de Derechos Humanos- CADH y en la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre -DADDH:

“Toda persona tiene derecho de buscar y recibir asilo en el territorio extranjero en caso de persecución por delitos políticos o comunes anexos con los políticos y de acuerdo con la legislación de cada Estado y los Convenios Internacionales.”(CADH Art. 22 numeral 7)

“Toda persona tiene derecho a buscar y recibir asilo en territorio extranjero, en caso de persecución que no sea motivada por delitos de derecho común y de acuerdo con la legislación de cada país y con los convenios internacionales.” (DADDH Art. 27)

Además, pedimos el cumplimiento a lo estipulado en la Declaración del Plan y Acción de Brasil y la aplicación de las Cien Reglas de Brasilia. Pedimos volver a mirar el documento de Cartagena y Cartagena en su 30 aniversario.

Dios nos dio el mundo como casa común y no puso fronteras.

Abogamos por el derecho a no emigrar de forma forzada y por el derecho a emigrar cuando de salvar la vida se trata.

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