EL REPROCHE

En la ciudad de Piacenza Italia en 1887, en un escrito llamado “La Emigración italiana en América” Monseñor Juan Bautista Scalabrini nos da a conocer una experiencia de vida.

Cuenta cómo los migrantes italianos en Sudamérica hacen llegar su voz a través de un viajero que llegó a visitarle. Le piden que le cuente a Monseñor que recuerdan siempre sus consejos, que rece por ellos y que les mande un sacerdote, porque allá se vive y se muere como bestias.

Monseñor Juan Bautista Scalabrini confesó que ante el sufrimiento y el dolor de las personas migrantes que han sido objeto de prepotencias, con mucha frecuencia impunes; sin el consuelo de una palabra amiga, la llama de la vergüenza cubrió su cara y se sintió humillado en su calidad de sacerdote y de italiano. Cuenta que se preguntó una vez más cómo ayudarlos y termina diciendo, en esa parte del texto, que ese saludo de los hijos lejanos le sonó como un reproche.[1]

He querido titular estas líneas “El Reproche” porque sin duda las palabras de Monseñor Juan Bautista Scalabrini suenan tan actuales que parece las está pronunciando en este tiempo y en este lugar. Y más que las palabras de monseñor Scalabrini, la realidad y la vida de las personas migrantes, desplazadas, refugiadas, víctimas y sobrevivientes de trata son un reclamo, son un reproche que debería avergonzarnos.

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[1] Scalabrini, Una Voz Viva. (Ediciones Scalabrinianas Numero 2 2004). Monseñor Juan Bautista Scalabrini fue llamado por el Papa Pio XII “Padre de los Migrantes” y por el Papa Juan Pablo II durante la homilía de la beatificación el 9 de Noviembre de 1997 le llamó “Padre y Guía Seguro de los Migrantes.”