MUJERES Y MIGRACION

Oramos por las mujeres que son detenidas, deportadas y separadas de sus esposos, hijos e hijas.

Pedimos por las mujeres que son víctima de violencia en sus países de origen y que se ven en la necesidad de cruzar fronteras para salvar su vida.

Pedimos por las mujeres que ante la pobreza y miseria que sufren al ver a sus hijos, hijas, nietos y nietas con hambre tienen que emigrar; desplazarse para conseguir el alimento.

Pedimos por las mujeres que lloran porque algun hijo o hija desapareció en la ruta migratoria y llevan el luto y un profundo pesar en el corazón.

Pedimos por las mujeres refugiadas que siguen luchando en el país que las recibió para ser realmente integradas en la comunidad.

Pedimos por las mujeres, muchas de ellas, niñas que por los misiles y bombas en Siria huyen para salvar la vida.

Pedimos por las mujeres trabajadoras agrícolas que por períodos largos de tiempo viven alejadas de sus comunidades y familiares.

Pedimos por las mujeres víctimas y sobrevivientes de trata de personas.

Pedimos por las mujeres que por defender sus territorios: montañas, rios, lagos, y bosques son perseguidas; amenazadas y obligadas a huir junto a familares para salvar su vida.

Pedimos por las mujeres de los pueblos originarios víctimas de racismo, abandono, exclusión y trata laboral.

Pedimos por las mujeres migrantes, refugiadas y sobrevivientes de trata que se han vuelto esperanza y ejemplo de lucha; mujeres que con su fe, trabajo, persistencia se han vuelto misioneras y constructoras de realidades de luz y resurrección.

Pedimos por las aeromosas para que su trabajo sea signo visible de la belleza del encuentro personal, afectuoso y tierno con personas en movilidad.

Pedimos por las esposas e hijos de pescadores para que con su trabajo digno y bien remunerado puedan vivir con dignidad.

Pedimos por las mujeres que ayudan a las mujeres migrantes, refugiadas, desplazadas, víctimas y sobrevivientes de trata y a sus familiares.

Sí, pedimos a Dios, y también pedimos a los estados la creación de políticas y programas para acoger, proteger e integrar a las personas migrantes, desplazadas, refugiadas y victimas y supervivientes de trata.

Y pedimos a los organismos de las Naciones Unidas para que además de responder de forma humanitaria y con otras acciones positivas, se empeñen y no escatimen esfuerzos en defender, incidir, señalar y denunciar de forma clara y contundente acciones de los Estados, que con unas políticas y ausencia de otras, originan los desplazamientos de cientos de miles de MUJERES Y HOMBRES.

Pedimos por Nuestra Iglesia que es Madre, Esposa, Maestra y Migrante para que en cada uno de sus Pastores y fieles sensibilizados para atender y proteger a las personas en movilidad se plasme el amor nacido del seno del Padre.

Texto: JLCT