Vía Crucis de las personas migrantes y refugiadas.

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El Vía Crucis es una expresión de fe de nuestras comunidades cristianas. Es la memoria, hecha devoción popular, del camino de la cruz de Jesús. Con este [Vía crucis] queremos ayudar a participar en este camino durante el tiempo de la cuaresma, poniendo ante nuestros ojos, el sufrimiento y dolor de tantos hombres y mujeres que como Jesús cargan sobre sus espaldas la cruz de su vida, empobrecida y marginada y buscan con ilusión un futuro diferente.Ellos y ellas son los migrantes.

Al celebrar el Vía Crucis constatamos cómo y cuánto el dolor, el sufrimiento y la muerte son reales, pero al mismo tiempo caemos en la cuenta que son transformados en la esperanza de una “nueva vida” gracias al poder de la resurrección del Señor. En la actualidad, el dolor y el sufrimiento golpean duramente a grandes masas de empobrecidos. Dolor físico y dolor espiritual.

Ellos y ellas son víctimas de un “sistema económico” que se ha convertido, a veces, en una justificación ideológica de algunas actitudes y modos de obrar en el campo social y político, que causan la marginación de los más débiles.De hecho, los pobres son cada vez más numerosos, víctimas de determinadas políticas y de estructuras frecuentemente injustas” (La Iglesia en América 56). En los excluidos y empobrecidos que buscan emigrar, se repite el camino de la cruz. Con ellos Jesús sigue caminando. El se hace vida en el sufrimiento y en el calvario de miles de personas que caminan con sueños e ilusiones de buscar una vida mejor. El ilumina a los que luchan a favor de la vida, de los derechos humanos y la dignidad de todos los seres humanos.

Asimismo, él nos invita a luchar para construir el Reino de paz, amor, justicia y libertad con una verdadera expresión de espiritualidad solidaria que nace de la cruz.Esta invitación urge, desde la resurrección del Señor, a buscar con denuedo la globalización de la solidaridad a favor de los migrantes y a mantener viva la esperanza en “los cielos nuevos y nueva tierra, un mundo en que reinará la justicia” (2 Pedro 3,13). Debemos tomar muy en cuenta las afirmaciones de la V conferencia: “Es expresión de caridad, también eclesial, el acompañamiento pastoral de los migrantes…La Iglesia, como Madre debe sentirse a sí misma como Iglesia sin fronteras, Iglesia familiar, atenta al fenómeno creciente de la movilidad humana en sus diversos sectores”. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. (411, 412).

Desde la comisión nacional de Pastoral de Movilidad Humana invito y exhorto a los fieles cristianos en las parroquias y comunidades a solidarizarnos con los migrantes, de modo particular, en este tiempo de cuaresma. Que el Señor resucitado por intercesión de María, acompañe a todos los migrantes y sus familiares.

Monseñor Alvaro Ramazzini Imeri

Folleto listo para imprimir: viacrucis 2016

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