ComentarioPastoral de Movilidad Humana

DE ACUERDO: NO PERDAMOS EL ENFOQUE

Hasta el día 21 de Noviembre de 2019 en datos oficiales de la División de Operativos de la Dirección General de Migración -DGM- han sido deportadas vía aérea desde los Estados Unidos de América a Guatemala un total de 49,054 personas. 40,972 hombres adultos y 5,815 mujeres adultas.1,338 hombres con menos de 18 años de edad y 929 mujeres menores de 18 años de edad. No aparece monto de menores de 18 años deportados desde Estados Unidos bajo la calidad de no acompañados.

Vía terrestre desde México a Guatemala han sido deportadas un total de 43,398 personas al día 18 de noviembre del presente año. 22,235 hombres adultos y 6,915 mujeres adultas. 6, 915 hombres menores de 18 años acompañados y 4,820 mujeres menores de 18 años acompañadas.1,602 hombres menores de 18 años no acompañados y 521 mujeres menores de 18 años no acompañadas.

La llegada de una persona hondureña deportada desde  Estados Unidos bajo el acuerdo binacional ha sido la gran noticia y ocupa encabezados en los diarios. Pero que no nos distraigan de otras cosas igualmente preocupantes.

  1. Sabemos que entre las personas deportadas desde los Estados Unidos y México, en los números alarmantes que vemos, hay algunas a quienes no se les dio acceso a algún procedimiento de protección o al asilo humanitario a pesar de haberlo expresado. Lo mismo sucede con las deportaciones a Honduras y El Salvador.
  2. El plan “Quédate en México”, mientras las personas llevan el procedimiento de asilo en Estados Unidos, es lento y no garantiza la atención integral, causando desesperación, desgaste físico y emocional, además de los costos económicos cubiertos por los mismos solicitantes y la no garantía de abogado o abogada que acompañe en las citas ante juez.
  3. Las precarias situaciones que enfrentan las personas solicitantes en el sur de México, sobre todo quienes llegaron desde África, Haití, Cuba, Honduras, son denigrantes. Esos programas parecen responder a las mismas estrategias en la región para la contención de personas migrantes y evitar que lleguen a frontera México/Estados Unidos.
  4. La violación constante de los principios de la Convención de 1951, su protocolo de 1967 y no cumplimiento a lo contenido en otras iniciativas regionales como Cartagena y Cartagena +30.
  5. Hay muchos pendientes en los temas de integración y resarcimiento a comunidades retornadas desde México en Petén, Escuintla, Izabal, etc.
  6. El desalojo y desarraigo de comunidades en Petén e Izabal y otros departamentos, en donde asuntos de extracción y explotación de recursos se sobreponen a la seguridad ciudadana, la dignidad y el buen vivir de las personas.
  7. Para terminar, que no nos distraigan con el enfoque en el tema del acuerdo de asilo, mientras hay tantas otras realidades y acciones implementadas que violentan a las personas en situación en tránsito, desalojo, desplazamiento, trabajo laboral transnacional, deportación, repatriación, retorno “voluntario” y “asistido”, solicitantes, refugio y trata.
  8. También, en esta parte del mundo, vivimos una guerra férrea contra las personas en situación de movilidad humana. Se les violenta en los lugares de origen, se les violenta en el tránsito, se les violenta en el destino, en la detención, en los procesos de solicitud de asilo humanitario, y en la deportación y/o “retorno voluntario”.

Así, las personas en movilidad forzada terminan siendo las que no caben, las sin lugar, las no queridas, las usadas, las que estorban, en una palabra: en desecho.

Juan Luis Carbajal, cs

Secretario Ejecutivo
Pastoral de Movilidad Humana

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