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No se trata solo de migrantes. Se trata de la persona en su totalidad, de todas las personas.

El humanismo que las instituciones educativas católicas están llamadas a construir es el que promueve una visión de la sociedad centrada en la persona humana y en sus derechos inalienables, en los valores de la justicia y de la paz, en una correcta relación entre personas, sociedad y Estado, y en la lógica de la solidaridad y de la subsidiariedad. Es un humanismo capaz de infundir un alma al mismo progreso económico, para promover a todos los hombres y a todo el hombre. Reconstruir el humanismo también significa orientar el trabajo educativo hacia las periferias, las periferias sociales y las periferias existenciales. A través del servicio, del encuentro y de la acogida, se ofrecen oportunidades a los más débiles y vulnerables. Así, se crece y se madura juntos, entendiendo las necesidades de los demás.

Papa Francisco.

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